La chica de anteayer (III): Françoise Dorléac

por Carlos Abascal Peiró


París, Orly. La azafata Françoise Dorléac cubría la línea aérea hacia Lisboa cuando nos enamoramos de ella, La piel suave (La peau douce, 1963). Entonces Truffaut terminó por regalarles -a Jean Desailly, a ella- una de esas secuencia que los idiotas reciclamos nefastamente: la coreografía de miradas en un ascensor. Un top sólo alcanzado años más tarde. Fue en Viena esta vez, frente a un tocadiscos, y Linklater filmaba cómo el amor -o lo qué fuera- pertenece menos a los tiempos y más, muy a menudo, a los destiempos.

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