Del cine español: Una pistola en cada mano (Cesc Gay, 2012)

por Carlos Abascal Peiró


blog_belve_cesc

Recuerdo al crítico Javier Ocaña encadenando dardos hacia un análisis constructivo del cine ibérico. Recuerdo cómo, entre otros síntomas, Javier constataba la torpeza de muchos actores españoles cuando se trata de ANDAR con cierta naturalidad frente a la cámara. Recuerdo su reivindicación de la profesión de guionista, desterrada en una industria nacional -¿industria?- donde muy a menudo los que filman, en un gesto tan económico como ineficaz, se empeñan tozudamente en escribir. Recuerdo que “En la ciudad” (Cesc Gay, 2003) es una película inmensa.

Una pistola en cada mano” (Cesc Gay, 2012) remezcla fastidiosamente los vicios del cine patrio. Cesc Gay continua siendo un director de encuadres prácticos, con soltura narrativa y un gusto inusual (en España) por el guion decididamente urbano, de días laborables, destiempos. Gay, un defensor de historias alejadas del manido manierismo social, ajeno -además- a ese rancio costumbrismo que vertebra gran parte del output televisivo patrio y alguna sección de su primo hermano filmado. Gay, línea de fuga para un desabrido paisaje, este del cine español. Una mirada distinta y -en el buen sentido- europea.

Todo verdad, Cesc. Pero su último trabajo resulta decepcionante, pobre. Un análisis de la incompetencia masculina que, sostenido con brillo por nuestro star system, luce unos diálogos sorprendentemente mal escritos, agujereados por el cliché y el temible hedor del déjà vu. El ya visto, o una grieta acentuada por la estructura episódica del film, un cálculo narrativo que, no en balde, acostumbra a basarse en la consistencia del fondo escrito y la destreza del reparto. Con esto segundo, vamos sobrados, sí podemos contar. El caso es que escribir cine -las historias, las réplicas, el ingenio- no debería ser un asunto accesorio, y más cuando se facturan pelis que no pueden permitirse pirotecnias.

Pregunta de examen. Adónde hay que apuntar hoy para hacer buen cine español. O buen cine, a secas. Tal vez Carlos Losilla lleve razón. Es cierto que el sostén institucional se esfuma y de estos naufragios pocos gurús adivinan rescate pero entretanto, acá, en las ruinas del imperio, pese a las estampidas, debe quedar talento. Debe, siempre lo hubo.

Anuncios