Después de todo: Before Midnight (Richard Linklater, 2013)

por Carlos Abascal Peiró


El amor después de la modernidad debe parecerse a Delpy y Hawke y sobre todo a Linklater. El amor, en fin, antes del amanecer, del atardecer o de esta tan esperada y a (todas) luces larga media noche. Así que, mucho nos tememos, la brillante trilogía se cierra sobre sí misma  subrayando de nuevo la convicción que latía bajo cada una de sus logradas estaciones, es decir: la relación de aquellos dos y de otros muchos sólo puede entenderse en términos de diálogo, según el modelo de un intercambio la mayor parte del tiempo frustrado -pero eso es otra historia. Stanley Cavell, el pensador y cinéfilo estadounidense (y por tanto más justo y menos obtuso que sus colegas europeos), escribió que la crítica no era otra cosa que la prolongación -ciertamente elástica- de una conversación, del corrillo jadeante que escupe la sala de butacas. En esta ocasión, a cuenta de las criaturas de Linklater y la reflexión latente, tal vez debiésemos invertir el aforismo. Más nos vale.

Y además. De dónde viene todo.

It’s personal and I don’t talk about it, but I met a girl in Philadelphia in 1989, and we ended up spending the night walking around, flirting, doing things you would never do now. I was at that stage in life where I was open, so we just walked and got to know each other. I remember, even as we were walking, thinking, ‘This could be a movie. Not the intrigue that happens after people kiss and sleep together, but this, this period of learning about another person.’ Which is probably what makes me a boring partner and boyfriend in the real world — throughout history! I’m never quite there for people, I’m never quite present. I’m always somewhere else.

Richard Linklater

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