The Newsroom: Por qué el dilema crítico

por Carlos Abascal Peiró


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The Newsroom, que estrena segunda temporada, es esa serie en torno a la cual todos hablan mal para admitir, dos subordinadas después, lo necesaria qué resulta. Yo también. Y llevábamos razón, es verdad. Es verdad que nadie se cree que Dev Patel pille, que Sorkin se pone sabihondo o que el argumentario -una moraleja diapositivada de primero de periodismo- es demasiado docente e incluso poco inspirado. Y es verdad que el progresismo editorial de los guiones cobija, en su idealismo, una placentera (y reaccionaria) indolencia. Sorkin es así. En parte. Son viejos defectos por mucho que en otro tiempo sus líneas acertasen a disimularlos. Pero -porque efectivamente hay peros- The Newsroom continua siendo una propuesta excepcional en sí. Es decir, infrecuente más allá de la habilidad general y su estatus de provechoso entretenimiento. Stephen Marche lo razona la mar de bien en su blog de Esquire: qué difícil es derribar completamente una ficción que, pese a todo, dedica gran parte de sus esfuerzos a ensalzar los muy olvidados valores de una profesión desacreditada, sin rumbo conocido.

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