La comunidad: The Neighbors (Arne Svenson)

por Carlos Abascal Peiró


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El discurso no es nuevo, aunque sí irremediablemente sugestivo. Y además el fotógrafo neoyorquino Arne Svenson esquiva un doloroso correctivo. “Menos como individuos y más como reflejos de una entidad común”, argumentó Svenson en su defensa mientras el muy trendy vecindario de Tribeca incendiaba los paneles del hall comunitario con una indignada galaxia de notas adhesivas. No les resultó simpático descubrirse en una galería, descalzos, ante su bol de copos de maíz, absortos frente a un late show. Luego fueron los tribunales y, algo después, la sentencia que absolvió a Svenson de un delito contra la intimidad y otras formas de lo ajeno.  La corte consideró que su serie fotográfica “The Neighbors” amparaba la clandestinidad deliberada de sus retratos bajo el espeso manto de la free speech, o libertad de expresión e impresión y creación e inmersión. El resultado, estrados aparte, es fascinante.

Michael Wolf lo hizo en Hong Kong, Merry Alpern capturó decenas de prostitutas tras sus dirty windows y el sexo furtivo de tantas parejas tokiotas terminó por sucumbir al objetivo de Kohei Yoshiyuki. Cortesía de The Guardian, son sólo algunos highlights para iluminar una práctica más humana que artística: la mirada impúdica, el turbador y muy universal placer de ver sin ser visto. Haría falta soslayar el hecho de que, por cuestiones genéticas, cualquier trabajo de creación parte de un ejercicio de observación, cómplice o todo lo contrario, pero observación al fin y al cabo. Svenson, como sus antecesores, estira los márgenes de la mirada para devolvernos un reflejo no consciente y por tanto una porción de verdad. Dice y muy bien:

I find the unrehearsed, unconscious aspects of life the most beautiful to photograph, as they are most open to interpretation, to a narrative. (…) I am much more interested in recording the breath between words than I am the actual words themselves.

De nuevo la vindicación de los tiempos muertos, el cuerpo y la carne de la elipsis. La cuestión da para mucho y sobre todo para ensayar ceño sartriano, cruzar las pantorrillas y susurrar neologismos. En otros términos, sirve como prolongación de una poética muy estadounidense cuya génesis corresponde inevitablemente a Emerson, pope del americanism y la cultura Marlboro. Stanley Cavell, con el dorsal de Emerson y después de subrayar a Kierkegaard, se acordaba del concepto de ordinario y -en una subversión del relato aristotélico y el tan hollywoodiense elogio de la omisión- su redescubrimiento oficial a cargo del cinematógrafo. De algunos cinematógrafos, más bien. The Neighbors es precisamente eso: qué sucede cuando no sucede nada. Qué hemos elidido durante todo este tiempo.

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Body Double (1984) – Brian de Palma

Body Double (1984) – Brian de Palma

En estas, el universo de “The Neighbors”, salvando el naturalismo fantasmal de Hopper, viene a recordar -y quizá legitimar- el subtexto escopofílico que recorre la filmografía de Hitchcock y la evolución sofisticada del mejor De Palma en, por ejemplo, ese clásico contemporáneo que es “Body Double” (1984). Mirar era también el principio de una historia. Aquí, en la melancólica y cheeveriana serie de Svenson, hay varias. Todas de verdad.

The Neighbors (Arne Svenson)

The Neighbors (Arne Svenson)

The Neighbors (Arne Svenson)

The Neighbors (Arne Svenson)

The Neighbors (Arne Svenson)

The Neighbors (Arne Svenson)

The Neighbors (Arne Svenson)

The Neighbors (Arne Svenson)

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