Cosas que se dicen sobre el último documental

por Carlos Abascal Peiró


Stories-We-Tell

Stories We Tell (2013) – Sarah Polley

Es gratificante observar cómo el documental se adueña de espacios por los que jamás se habría asomado hace unos años. La semana pasada, en un artículo del NYT efusivamente rebotado, Larry Rohter argumentaba que los diversos acercamientos a ese destino gelatinoso que damos en llamar lo real resultan cada vez más creativos. El texto no lo concreta con firmeza, seguramente porque Rohter escribe desde el anclaje titubeante del reporterismo todoterreno, pero sí parece insinuar que “The Act of Killing” (Joshua Oppenheimer, 2013), “L’Image Manquante” (Rithy Panh, 2013) o “Stories We Tell” (Sarah Polley, 2012) constituyen ejemplos inéditos de un modo nuevo de filmar el qué está pasando aquí. En resumen, antes todo esto era campo. Ese campo de anteayer, plantea Rohter abrigado por sus fuentes, se acogió al culto del tedio, a ejercicios didácticos y soberanamente inaguantables que -claro, concluye el periodista- condenaban al cine documental (porque sigue siendo cine) a un puesto marginal en la oración de los públicos. El contenido primaba sobre la forma, se excusa el texto; y de ahí el bostezo.

La pregunta es: ¿conoce Rohter a Ross McElwee, James BenningAlan Berliner? Todos ellos son estadounidenses, todos ellos habitan ese territorio impreciso del documental y todos ellos, antes y ahora, concilian un discurso documentalizante con la inquietud formal. Está bien que medios generalistas de crédito secunden una tendencia cultural tan maltratada como reivindicable. Está peor que lo hagan desde el desconocimiento. Las fronteras entre realidad y ficción, entre el evento puro y su puesta en escena sólo son, eso, un recurso periodístico y un atajo académico. Flaherty admitía haber obligado a sus esquimales a retomar viejas costumbres. François Niney, probablemente el tipo que más sepa de esto, nunca dejó de insistir:  «En la ficción, el mundo existe para el encuadre; en el documental, el encuadre existe para el mundo». El resto es cosa de una voluntad creativa; siempre lo fue.

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