El tiempo y las cosas (de Hanne Darboven) en el Reina Sofía

por Carlos Abascal Peiró


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Vista de la Casa-Estudio de Hanne Darboven

Según confirma el editor Patrick Mauriès, ilustre en esto de intelectualizar objetos, la finalidad última del gabinete de curiosidades—espacios atiborrados de Cosas en el sentido más nutritivo del término— no era otra que ser exhibido y por tanto su validez, el placer que convocaban, necesitaba de alguien a quién maravillar. Era, lo dicho, una exhibición limitada que prefiguraba la intimidad del coleccionista que razonó Benjamin, o un espécimen humano cuya presencia a través de la historia (hoy están de enhorabuena) debe ligarse a las vidas segundas de los objetos. Algo asimilable, explicaba Mauriés en su colosal “Gabinetes de Curiosidades”, a la tarea del nigromante, que devuelve a la vida aquello que estaba muerto. Aquí por cierto se abre una interesante reflexión a partir de las otras vidas y la memoria de las cosas y sus dueños —el coleccionista siempre es un dueño de segunda mano, su placer estriba en incorporar el pasado del objeto— que, y esto es efectivamente un triple, tal vez arranque en las cámaras fúnebres faraónicas, una suerte de trastero cósmico.

El caso es que a mediados del siglo XVI, la Italia renacentista albergó una furia coleccionista que, aquí y allá, en el estómago de tantos palazzos, cristalizaba en estudios dedicados a lo variopinto—orinales, abrecartas, cucharillas de té— y puesto en común sobre un espacio que los primeros fetichistas alemanes bautizaron como Wunderkammer, el gabinete de las maravillas. La mirada del coleccionista de turno tejía analogías y correspondencias entre los cromos de su colección, consolidando las bases del museo moderno y luego, ay, del coffee table book como itinerario customizado. La expresión de Mauriès, rapports de voisinage entre los cachivaches (relación de copresencia), resulta útil para anticipar el diálogo desordenado, insólito, que, más allá de las paredes del museo, unía las palabras y las cosas. De esas cosas, en fin, se ocupa la exposición que desde marzo y hasta el 1 de septiembre acoge el Museo Reina Sofía, la Casa-Estudio de Hanne Darboven (Múnich, 1941 – Hamburgo, 2009), o un suculento repaso a la misma historia. El provechoso oficio de colmar cajones.

 

Carlos Abascal PeiróAutor: Carlos Abascal Peiró kino.
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