El pequeño cine industrial: «Hippocrate» (Thomas Lilti) y «Tonnerre» (Guillaume Brac)

por Carlos Abascal Peiró


Thomas Lilti

«Hippocrate» (Thomas Lilti, 2014) – Sí, se estrenará en España

Con todo lo que ello precipita, el declive de las clases medias —y de las clases en un sentido amplio— encuentra un singular correlato en el desahucio de ese cine que una vez se impuso la muy decimonónica labor de ser espejo: narrar a la misma mayoría social que lo inspiró y que hoy languidece. (En esto y no en otra cosa consiste la famosa y menguante «hegemonía» que electriza los aquelarres televisivos de la reciente España electoral.) Es natural que un país como el nuestro se reconozca en «Magical Girl», «Gente en sitios» y todo lo que vino y vendrá —un paisaje de picaresca, fantasmas y miseria moral— porque, a su manera, he ahí el retrato, alumbran un estado-de-las-cosas. Y no necesariamente malas noticias, más bien al contrario —confirman la validez de las periferias como baluarte narrativo al tiempo que revelan a un público omnívoro y de gran angular—, aunque sí ponen de manifiesto la inoperancia (o ausencia) de nuestro cine comercial cuando se trata de relatar, refrendar y cuestionar las taras de una sociedad.

Lo industrial es irremplazable no tanto por las películas que produce como por las que, a sabiendas y todo lo contrario, permite producir; y aplaudir la ebullición creativa de nuestro último cine no debería enterrar una dolorosa constatación: condenar el talento al pseudoamateurismo, la épica financiera y los ingenios de la supervivencia es liquidarlo. Es decir, «rodar después de llevar a los niños al cole, después de trabajar» (si sonríe la suerte) configura el principal porvenir del cine español cuando lo suyo sería trabajar, vivir rodando. Convendría, de vez en cuando —en los estancos, en casa de los suegros—, trabar contacto con personas reales cuyo oficio consista en hacer películas.

Francia, que aún cultiva la profesionalización del arte (el controvertido régimen de los intermittents), cuenta con un sector capaz de elaborar productos comerciales conectados, en la mejor acepción de ambos términos, a una idiosincrasia mayoritaria. El año que se fue dejó dos excelentes películas fruto de ese sistema, la más castigada de las fórmulas de producción, o el drama español: el pequeño cine industrial.

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«Tonnerre» (Guillaume Brac, 2013) – Trenes amorosamente vigilados

Justo producto de un epidérmico sistema de ayudas, «Hippocrate» (Thomas Lilti, 2014) vence su timidez formal con un relato gremial en torno a un residente novato en un gran hospital parisiense. Lilti es médico —después de cineasta— y logra una precisión documental que dialoga con las virguerías de la medicina televisiva que se reparten House y su infinitamente superior colega, Bob Kelso. Tan previsible como seductor, el relato articula con una agilidad inusual los ritmos del aprendizaje, el consabido obstáculo y la redención desde una furiosa reivindicación de lo público, entendido como la prolongación de una camaradería que empieza (y no acaba) en las consultas. Al margen de la estupenda Marianne Denicourt, de la trama buenista que orbita Reda Kateb o el moralizador desenlace, «Hippocrate» es cine popular en el sentido gramsciano del término, esto es, humanista.

Al otro lado, en «Tonnerre» (Guillaume Brac, 2014) se respira cierto espíritu pavesiano —la oposición entre el campo y la ciudad, el amor como infección y desafección— tras el exilio creativo de un rocker parisiense que apura un singular entretiempo en su pueblo natal, una aldea nevada en la Borgoña rural. Aunque atravesado por la figura de un padre no ausente que recita a Musset, el relato rastrea el romance del músico con una periodista becaria —si no es lo mismo— cuyo ex reparte juego en la histórica AJ Auxerre. Más allá de la insólita deconstrucción del mito viril del futbolista y su reverso loser (Vincent Macaigne es EL actor del último cine francés), el debut de Brac impulsa además un delirante y breve rol canino que adelanta a la dupla de perros que, de «Jauja» (Lisandro Alonso, 2014) a «Adieu au Langage» (Jean-Luc Godard, 2014), estira la pista hacia el cine de 2015.

Que sean muchos comienzos de muchas cosas buenas.

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«Tonnerre» (Guillaume Brac, 2013)

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«Adieu au Langage» (Jean-Luc Godard, 2014)

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«Jauja» (Lisandro Alonso, 2014)

 

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