Otras tauromaquias, otras Españas

por Gabriel Doménech González


Il momento della verità

«Il momento della verità» de Francesco Rosi

De la tauromaquia el cine, cómo no, también dio sus reflejos. Bien es verdad que, cuando saltó al ruedo, la cámara no solía trascender los estereotipos romantizados que, desde el extranjero (de Merimée, pasando por Bizet, a Hemingway) o el autóctono, alimentaban el mito en torno al espectáculo, la tradición o lo que quiera que fuese (escribo en pasado porque, mal que pese a algunos aficionados, no les quedan a las plazas mucho presente y menos futuro).

Pero hete aquí que, salvando los tópicos sobre la españolidad, las leyendas sobre Currito de la Cruz, Manolete o El Cordobés, los años sesenta alumbraron un puñado de películas en donde, aun manteniéndose parte del mito, el toreo se abordaba desde un inesperado prisma antropológico. Gracias a las influencias recogidas del neorrealismo o el cinéma verité, títulos como la pionera «Los golfos» (1959) de Carlos Saura, «Il momento della verità» de Francesco Rosi (repito, el mejor filme sobre tauromaquia), «El espontáneo» de Jorge Grau o las miniaturas de Basilio Martín Patino «El noveno» (1960)«Torerillos ’61» (1962) mostraron, con tramas reducidas al mínimo y haciendo uso de resabios documentales, una España aún ruralizada de tabernas desastradas, ilusos maletillas, capeas poco lucidas, precarias escuelas de tauromaquia y arteros cazatalentos.

Atención, sobre todo, a la aportación de Patino (este mes la Filmoteca le dedica un señor ciclo): ensayos de un cine que, previo permiso de Fraga Iribarne, luchó por ser moderno sin dejar de ser español. Sin renunciar a una cierta épica derivada de la contemplación del espectáculo de corridas y novilladas, estas películas conservan el máximo interés al preferir, frente al consabido cantar de gesta, el dibujo de una realidad sociológica: la de un medio rural en imparable decadencia y un lumpemproletariado urbano (consecuencia precisamente de las migraciones desde el campo) que contemplan el mito taurino como única salida a unas vidas condenadas a la aridez y la precariedad.

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