Tu dors Nicole (Stéphane Lafleur): El verano del géiser

por Carlos Abascal Peiró


Tournage «Tu dors Nicole» de Stéphane Lafleur

Nicole bajo la influencia

«Tu dors Nicole», del quebequés Stéphane Lafleur, recuerda a «Frances Ha» como también recuerda a «The Myth of the American Sleepover» y a otro tanto de películas sobre lo mismo: hacerse mayor. Ser otro y luego nosotros —este blog, que somos así. «Tu dors Nicole» guarda aires de primer filme, de cine debutante, aunque no lo sea y se concentre en el larguísimo verano de un suburbio residencial canadiense, o donde la simpática Nicole, que suma 22 veranos, mata deliberadamente el tiempo. «Hacer nada, una nada bella», responde la protagonista al ser interrogada por su proyecto estival. Esa es la meta y el logro de una película que quiere ser, en fin, muy bella. Por eso un marco impecable, el blanco y negro (nadie se había acercado tanto al verano inolvidable de «La ley de la calle») o el plano fijo, la tan enjuagada composición y unas panorámicas melosas que a veces, a la manera de Wes Anderson, se suben a un raíl. La fórmula, que flirtea con un virus habitual en estos casos —la estética como alienación, las nadas bonitas—, entra en cortocircuito bajo la mirada de Lafleur, quien afortunadamente emprende el camino inverso: la alienación como estética.

Es decir, narrar a qué se parece y cómo escuece ser nadie. O las letárgicas vacaciones de un agosto middle-class que, al marginar la figura normativa de los padres, concede poder a la vagabunda Nicole, vehículo de un relato cuyos mejores momentos —y hay multitud— rebasan el rigor naturalista del indie canónico para apuntar más lejos. Esa es la redención y la particular revolución de la película: un delirante absurdo artesanal que, por su puntual empleo del sonido y los fueras de campo, conecta con cierto Jacques Tati. De ahí el descacharrante gag del crío enamorado que ha madurado demasiado pronto y gasta voz de cowboy, de la mágica irrupción de una tarjeta de crédito o el lynchiano mall donde Nicole se emplea a media jornada. Ella sueña con largarse a Islandia, se desplaza en bicicleta y, cuando se siente sola, piensa en géiseres. No hay nada tan sobrenatural como el tránsito a la madurez.

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La importancia de una bicicleta

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