Películas para una Navidad, cara A

por Gabriel Doménech González


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Fanny y Alexander (Ingmar Bergman, 1982)

Bergman, a partir de finales de los 70, se dedicó a dar carpetazo, cine y televisión mediante, a todos sus fantasmas, personales y familiares. «Fanny y Alexander» se abre con una espléndida celebración navideña (que ocupa una hora de película y media hora más en el capítulo inicial de la serie de TV que es en realidad esta magna obra) en la que se dan cita muchas de las obsesiones del maestro sueco, presentadas esta vez en un tono sorprendentemente cálido, ligero y afectuoso. La mirada nostálgica a la infancia encuentra su correlato en la alegría de los festejos navideños, cuando todo (incluso lo malo) aún estaba por comenzar.

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Feliz Navidad, Mr. Lawrence (Nagisa Oshima, 1983)

Tras dos décadas incomodando a propios y extraños con películas de progresiva virulencia política y formal, Nagisa Oshima sólo saltó a la palestra internacional cuando se centró en la virulencia sexual (ahí queda su «El imperio de los sentidos», de 1976). De ahí, a filmar su primera producción internacional, que nos quisieron vender como «El puente sobre el río Kwai-en-gay-con-David-Bowie»pero que es mucho más. Está ambientada en un campo de concentración en Java, pero también aquí existe Navidad. Quizás, una de las más tristes y bellas.

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Regalo di Natale (Pupi Avati, 1986)

Uno de los tantos tesoros ocultos de la cinematografía italiana, este temprano filme de un buen director que decidió tirar luego por el artesanado más rancio, «Regalo di Natale» es una honesta y bien calibrada producción, que oscila entre la película de colegas y el complot a lo David Mamet. Por su tono entre melancólico y abrupto, por atreverse con un argumento más propio del cine de género norteamericano (el mundo de los tahúres y sus interminables partidas de póker) y por hacerlo desde una mirada sin afectaciones, es este un regalo navideño que pocos cinéfilos hacen pero más de uno disfrutaría.

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«El cuento de Navidad de Auggie Wren» en Smoke (Wayne Wang, 1995)

Lo que en principio debería ser una recomendación de cine veraniego (de las del Brooklyn estival, para más señas) se convierte, gracias a su inconmensurable epílogo, en título imprescindible si de transmitir un nada impostado ‘espíritu navideño’ se trata. Dirigía el muy irregular Wayne Wang, escribía Paul Auster (un tipo que no es para tanto pero tampoco es para tan poco) y, ahora sí, protagonizaba el incontestable Harvey Keitel. Juntos nos recordaban que el antídoto de la soledad no sólo está en los demás, sino también en las ficciones con que entretejemos nuestro día a día.

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12:08, al Este de Bucarest (Corneliu Porumboiu, 2006)

Corneliu Porumboiu aprovechaba el cutre debate televisivo de una emisora local para carcajearse de la actitud que sus compatriotas muestran ante la revolución que, en la Navidad de 1989, acabó con el dictador rumano Nicolae Ceaucescu. Joya de humor negro y análisis sociopolítico, «12:08, al Este de Bucarest» contiene uno de los finales más lúcidos y a la vez más sencillos que haya dado película alguna de ambientación navideña: el alumbrado urbano como posible metáfora de una efervescencia política tan generalizada como efímera, pero que al fin y al cabo iluminó (aunque fuese durante unas horas) las vidas de una población que, en el nuevo siglo, encara presentes más grises.

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